Gusanos de seda en Murcia

Cristina y yo hemos vuelto a tener gusanos de seda en casa, como cuando éramos pequeños. En Murcia, durante muchos años, casi todos los niños han tenido una caja de zapatos con hojas de morera en algún rincón de la casa. No era una afición rara ni un experimento escolar. Era marzo.

Este es ya el tercer año consecutivo que los criamos en casa. Los guardamos de una temporada a otra, esperamos a que salgan las primeras hojas tiernas y volvemos a empezar. Este año han nacido más de doscientos. Tantos, que una parte ha terminado también en el colegio, para que los compañeros de Alejandra se lleven un puñado de esa rutina mínima a sus casas.

Larva pequeña de gusano de seda sobre la punta de un dedo
Larva joven de gusano de seda sobre la yema de un dedo
Hoja de morera sostenida sobre una mano con dos gusanos de seda recién nacidos, en un reportaje documental de Murcia
gusano de seda sobre la yema de un dedo

Cuando nacen los gusanos de seda

Los primeros días casi no se ven. Son diminutos, apenas un punto oscuro sobre el cartón, y hay que acercarse mucho para entender que ahí ya está pasando algo. Luego empiezan a comer. Y entonces sí: la caja cobra vida.

En casa tenemos gusanos blancos y rayados. De pequeños, a los rayados les llamábamos japoneses, como se les ha llamado muchas veces sin pensarlo demasiado. Pero el origen del gusano de seda domesticado está en China, desde donde la sericicultura se expandió después hacia otros lugares del mundo.

Las fotos de los gusanos y las mariposas están hechas con macro, para acercarnos a detalles que a simple vista pasan desapercibidos. Lo que de lejos parece frágil y mínimo, de cerca cambia por completo: las anillas del cuerpo, las patas agarradas a la hoja, la piel antes de mudar, el hilo empezando a aparecer. Y las mariposas, al final, con esa cara rara y peluda que en grande tiene algo de Pokémon doméstico.

Macrofotografía de un gusano de seda sobre una mano
Gusano de seda sobre un dedo levantando la parte delantera del cuerpo
Macrofotografía de gusano de seda comiendo una hoja de morera, detalle del ciclo natural retratado en Murcia
Macrofotografía documental de gusanos de seda tejiendo su capullo entre hilos de seda en una caja, dentro del reportaje en Murcia

La morera, la verdadera protagonista

Tener gusanos de seda en casa acaba organizando también los paseos. Porque lo más difícil no es criarlos cuando ya han nacido. Lo difícil es llegar a tiempo a las primeras hojas.

Salen en marzo, justo cuando la morera empieza a brotar, y durante unos días toca ir mirando árboles, calcular cuáles tienen hoja bastante tierna y volver a casa con los brotes pequeños en la mano. En Murcia eso sigue teniendo algo reconocible: ir a por morera suena a infancia, a parque, a patio, a primavera empezando.

Los gusanos de seda solo comen morera. Nada más. Y cuando empiezan a crecer, comen mucho. Nosotros tenemos un truco para que las hojas aguanten más: guardarlas en una bolsa dentro del frigorífico. Así no hace falta salir todos los días a recoger más y se gana un poco de margen cuando la caja empieza a quedarse vacía en unas horas.

Gusano de seda tejiendo su capullo entre hilos de seda
Capullos de gusano de seda en cartonera de cría
Capullos de gusano de seda en estructura de cartón sobre mesa de madera
Capullo de gusano de seda amarillo sostenido en una mano

Cómo conservar los gusanos de seda de un año para otro

La parte que más pregunta la gente es casi siempre la misma: cómo se conservan los gusanos de un año para otro.

En realidad, todo vuelve a empezar al final. Cuando ya han crecido del todo, les ponemos una huevera de cartón para que encuentren hueco y puedan hacer el capullo. Después salen las mariposas, se aparean, ponen los huevos y entonces la caja vuelve a quedarse quieta. Guardamos esa caja de zapatos hasta el año siguiente y esperamos.

No hay nada solemne en ese gesto. Es una caja cerrada, apartada en casa, que pasa meses sin pedir nada. Pero dentro se queda guardado marzo. Luego vuelven las primeras hojas de morera y todo reaparece: los huevos, los gusanos, las idas al parque, la mesa ocupada, las preguntas de los niños.

También conviene decirlo: las mariposas no comen. Su vida adulta es breve y está dedicada casi por completo a reproducirse y dejar puestos los huevos de la siguiente temporada. Lo importante, en ese momento, ya no es alimentarse, sino cerrar el ciclo.

Mariposa de seda sobre capullos amarillos entre hilos de seda
Vista cenital de mariposa de seda con alas abiertas sobre fondo neutro, captada en un reportaje fotográfico en Murcia
Vista cenital de mariposa bombyx mori con alas abiertas sobre fondo neutro, en un reportaje documental de Murcia
Mariposa Bombyx mori con alas abiertas sobre fondo neutro

La tradición de los gusanos de seda en Murcia

Durante siglos, la seda no fue una rareza ni un recuerdo doméstico, sino una parte importante de la economía murciana. La cría del gusano y todo lo que la rodeaba formaban parte de una tradición mucho más grande, ligada a la huerta, a la morera y a una forma de vida que hoy ya casi no existe así.

Esa relación no desapareció del todo. En Murcia quedó durante más tiempo que en otros sitios una memoria muy concreta de la seda, no solo como actividad económica, sino también como costumbre popular. Por eso quizá los gusanos siguen teniendo aquí un sitio distinto. No son solo un recuerdo de colegio. Son una costumbre doméstica que todavía conecta con algo mucho más antiguo: una forma de vivir la primavera, de mirar la transformación de cerca y de repetir, sin darle demasiadas vueltas, algo que ya hacían otros antes.

Mariposa de seda (bombix mori) con alas extendidas sobre fondo gris
Retrato macro de mariposa de seda con antenas plumosas sobre fondo neutro, dentro de un reportaje fotográfico en Murcia

Lo que vuelve cada marzo

Al final, casi todo cabe en una caja de zapatos: las hojas, el ruido de los gusanos comiendo, los capullos pegados al cartón, las mariposas quietas, los huevos que se quedan esperando. Visto así, parece poca cosa.

Y sin embargo, cada marzo vuelve a parecer suficiente.