A Juan lo conocimos por casualidad en los Premios Alfonso X. Entre una conversación y otra, nos habló de una nave en Lorquí llena de cristal, loza y cajas cerradas desde hace décadas. Hubo algo en esa historia que nos hizo querer verla.
Quedamos con él un domingo por la mañana. Lo recogimos en el Malecón y fuimos hasta Lorquí. Habíamos quedado sobre las doce porque es justo a esa hora cuando el sol entra por los tragaluces del techo. Al llegar lo entendimos enseguida. La luz caía sobre las cajas, marcaba claroscuros entre las estanterías y dejaba el polvo suspendido en el aire. Aquello no parecía un almacén cualquiera.

Dentro, lo primero que llama la atención es el tamaño. Pasillos largos. Estanterías altísimas. Cajas apiladas hasta arriba. Platos, vasos, jarrones, figuras, vajillas enteras. Algunas piezas siguen en su embalaje original. Otras parecen no haberse movido en muchísimo tiempo.
La luz entra desde arriba y no enseña el espacio entero de golpe. Va cayendo por partes. Una balda sí, la siguiente no. Un pasillo se enciende y el de al lado queda en sombra. Eso hace que la nave se recorra despacio, mirando.
Y luego está el polvo. En las cajas, en los papeles, en los bordes, en el suelo. No molesta. Al contrario. Hace evidente que esto lleva años así.






Hay un momento que resume muy bien lo que se siente allí dentro.
Juan subió por la escalera y bajó una caja de madera antigua. Venía de China. Estaba cerrada con clavos. Cogió un punzón y empezó a abrirla despacio, con cuidado. Nosotros nos quedamos mirando en silencio, sin saber qué iba a aparecer.
Tardó unos minutos. Fue soltando la tapa poco a poco, sin forzar nada. Cuando por fin la abrió, dentro apareció una figura de mujer en porcelana blanca. Delicada, llena de detalle, intacta. En medio de aquella nave de metal, polvo y cajas, la pieza paraba la vista.
Ese momento se quedó con nosotros porque explica bastante bien qué pasa en Cristal Antiguo. Aquí no se trata solo de sacar cosas de una estantería. Muchas veces se trata de abrir algo que lleva décadas cerrado y ver qué ha seguido esperando dentro.





Cristal Antiguo nace de una historia familiar larga, ligada al menaje y a la cristalería desde hace cuatro generaciones
Juan Bohajar es la cuarta. Antes estuvieron su bisabuelo Juan, su abuelo Antonio Bohajar López y su padre, Juan Antonio. Durante años, todo ese stock quedó guardado: cristal, loza, cerámica, objetos domésticos de todo tipo, muchos sin usar nunca. Algunas piezas siguen incluso en sus cajas originales
Lo que Juan tiene entre manos no son unas pocas antigüedades bien conservadas. Son miles de referencias que recorren buena parte del siglo XX, desde los años veinte hasta los ochenta, con algunas piezas incluso anteriores. Y eso cambia la mirada. Porque lo que hay en esa nave no habla solo de objetos bonitos. Habla de cómo se vivía. De qué se ponía en una mesa. De qué se guardaba en una vitrina. De qué formaba parte de una casa.
Juan estudió Derecho. No parecía que fuera a acabar aquí. Pero acabó aquí. Y cuando habla del proyecto no tira de discurso. Lo cuenta desde un sitio mucho más simple: una etapa de dudas, un parón, la sensación de no tener demasiado claro por dónde seguir. En medio de eso, apareció la nave
También apareció una forma distinta de acercarse a su padre. Antes de que Cristal Antiguo cogiera forma, su padre y su tía ya habían empezado a trasladar, catalogar y fotografiar parte del stock. Habían hecho el trabajo callado. El de entrar, mirar, ordenar y empezar a entender lo que había allí.<



En la nave hay cristal tallado de Bohemia, loza de La Cartuja, piezas de Duralex, cerámica de Manises, botijos, orinales, ceniceros, jarrones, platos de todo tipo. Hay piezas delicadas y otras completamente domésticas. Objetos hechos para lucir y objetos pensados para el día a día.
Ahí está buena parte de la fuerza del proyecto. Recorriendo la nave no da la sensación de estar viendo una colección cerrada. Da la sensación de ir leyendo una época, pieza a pieza.
Casi todo es fabricación española. Y en muchas de esas cajas también se adivina otra historia: la del paso de lo artesanal a lo seriado, de los pequeños almacenes familiares a otro modelo que fue dejando todo eso atrás. Está en los materiales, en los acabados, en los nombres impresos, en lo mucho que todavía queda por abrir.






Lo interesante de Juan es que no habla como alguien que ha llegado a explotar un hallazgo. Se mueve desde otro lugar. Aprende mientras busca, mientras limpia, mientras abre cajas, mientras identifica marcas y épocas. Hay curiosidad, trabajo y bastante respeto por lo que tiene delante.
También hay algo importante: nada de esto quiere quedarse para siempre en la nave. Las piezas están para salir. Para circular otra vez. Para acabar en una casa. Y eso cambia mucho el sentido del proyecto. No va de acumular. Va de terminar un trabajo pendiente y hacerlo bien.
Además, aquí hay una particularidad que pesa mucho: no son objetos usados. Son piezas que nunca llegaron a estrenarse. Han pasado décadas esperando, pero siguen intactas.


Cuando nos fuimos, la luz seguía entrando desde arriba. Afuera era domingo. Dentro seguían las estanterías, las cajas y todo lo que aún queda por abrir.
Nos quedamos con una imagen muy concreta: Juan subido a una escalera, levantando la tapa de una caja cerrada desde hace años para ver qué seguía intacto al otro lado.
Ahí estaba todo.

La nave de Cristal Antiguo se encuentra en Lorquí (Murcia) y funciona bajo cita previa. Es un espacio vivo donde el stock cambia a medida que se abren nuevas cajas y se catalogan las piezas.
Visitas guiadas: recorridos por la nave bajo cita previa para conocer la historia de las piezas y la trayectoria familiar de los Bohajar.
Web: https://cristalantiguo.cargo.site/
Instagram: @cristalyantiguo
Contacto: info@cristalantiguo.com